¿El Niño 2026 traerá sequía, calor e incendios a la Amazonía Norte de Bolivia? Una alerta temprana para municipios, comunidades y productores agroforestales

En las últimas semanas han circulado varias noticias sobre la posible llegada de un El Niño fuerte durante 2026. Algunas publicaciones hablan incluso de un “Súper El Niño” y anuncian consecuencias graves para Sudamérica. Sin embargo, para la Amazonía norte de Bolivia —Pando, norte de Beni y zonas amazónicas vecinas— todavía existe poca información específica y es importante interpretar los pronósticos con cuidado.
La información climática disponible sí muestra una señal clara: El Niño probablemente se desarrollará durante 2026 y podría mantenerse hasta inicios de 2027. El Centro de Predicción Climática de NOAA indica una probabilidad de 82% de desarrollo de El Niño entre mayo y julio de 2026, y de 96% de continuidad entre diciembre de 2026 y febrero de 2027. A la vez, la misma fuente advierte que la intensidad final del evento todavía no está asegurada.
Esto significa que no corresponde anunciar una catástrofe segura, pero sí conviene prepararse. En la Amazonía, los riesgos climáticos no dependen solamente de El Niño. También influyen la temperatura del océano Atlántico tropical, el estado de los bosques, la humedad del suelo, los niveles de los ríos, la deforestación, la acumulación de material seco y el uso del fuego en actividades agropecuarias.
¿Qué dicen los pronósticos para Bolivia?
El pronóstico estacional del CIIFEN para el oeste de Sudamérica indica que, para el trimestre mayo–junio–julio de 2026, gran parte de Bolivia tendría lluvias cercanas a lo normal, sin una señal clara de sequía extrema en el norte amazónico. Esto es importante: el pronóstico actual no indica que Pando y el norte de Beni ya estén entrando en una sequía severa durante estos meses.
Sin embargo, mayo, junio y julio son apenas el inicio o consolidación de la época seca. Los impactos más fuertes de un evento El Niño en la Amazonía suelen aparecer más adelante, especialmente entre agosto y octubre, cuando los bosques, pastizales y barbechos están más secos, y entre octubre y marzo, si las lluvias se retrasan o se distribuyen de manera irregular.
Por eso, la recomendación principal es sencilla: no alarmarse, pero tampoco esperar hasta que el problema sea visible.
Lo que enseñan años anteriores
Para entender los posibles riesgos, conviene mirar años con condiciones parecidas, especialmente 1997–1998, 2015–2016 y 2023–2024.
El evento 2015–2016 fue uno de los más importantes para aprender sobre los efectos de El Niño en la Amazonía. Estudios científicos muestran que durante ese periodo hubo una sequía extensa, temperaturas muy elevadas y un aumento importante de incendios en varias zonas amazónicas. En la Amazonía brasileña, la sequía 2015/2016 afectó grandes áreas del bioma, con anomalías fuertes de temperatura y precipitación, y con incendios que no se limitaron a áreas agropecuarias, sino que también afectaron bosques.
El caso 2023–2024 también es relevante porque muestra que los impactos actuales se dan en un contexto de calentamiento global. La sequía amazónica de 2023 fue extrema en varias regiones de la cuenca, con ríos históricamente bajos y fuerte estrés térmico. Los análisis científicos indican que el calentamiento global aumentó la severidad de la sequía agrícola, incluso más allá del efecto de El Niño por sí solo.
En otras palabras: un mismo El Niño hoy puede tener consecuencias más severas que en décadas anteriores, porque la región ya parte de temperaturas más altas, mayor presión sobre los bosques y mayor vulnerabilidad productiva.

Principales riesgos para la Amazonía norte de Bolivia
1. Más calor y mayor pérdida de humedad
Aunque el pronóstico de mayo a julio no muestra una señal extrema de calor para todo el norte amazónico, el riesgo aumenta si El Niño se consolida hacia fin de año. Temperaturas más altas aceleran la pérdida de humedad del suelo, secan más rápido los pastos, cultivos, barbechos y bordes de bosque, y aumentan el estrés sobre plantas, animales y personas. Para productores agroforestales, esto puede traducirse en menor prendimiento de plantines, mayor necesidad de riego en viveros, estrés en cacao, copoazú, asaí, majo, cítricos y otros cultivos, además de mayor riesgo de pérdida en cultivos anuales como yuca, maíz, arroz secano, hortalizas y plátano.
2. Lluvias más irregulares
El problema no siempre es que “llueva mucho menos” en todo el año. A veces el mayor daño ocurre cuando las lluvias llegan tarde, se cortan por varias semanas, o caen en eventos fuertes pero separados por periodos secos. Para la agricultura, esta irregularidad puede ser tan dañina como una sequía prolongada. Esto afecta especialmente la siembra, el desarrollo inicial de cultivos, la floración y fructificación de especies agroforestales, y la disponibilidad de agua para animales.
3. Mayor riesgo de incendios
Este es probablemente el riesgo más importante para la Amazonía boliviana. El Niño no provoca incendios por sí solo. Los incendios aparecen cuando coinciden varios factores: vegetación seca, altas temperaturas, viento, chaqueos, quemas mal controladas, caminos, áreas deforestadas y bordes de bosque. Bolivia ya viene de años críticos. Reportes de MAAP muestran que en 2024 hubo una fuerte afectación por deforestación e incendios en la Amazonía, con focos importantes en Bolivia y Brasil. Un estudio reciente sobre bosques tropicales también señala que Bolivia fue uno de los países más afectados por degradación forestal impulsada por fuego durante 2024.
Por eso, aun si las lluvias de los próximos meses fueran normales, es recomendable que municipios, comunidades y productores preparen medidas de prevención desde ahora.
4. Riesgos para la producción agropecuaria
Para productores, los principales impactos posibles son:
- menor disponibilidad de agua para cultivos y animales;
- reducción de pasturas durante la época seca;
- mayor mortalidad de plantines en sistemas agroforestales;
- retrasos o pérdidas en siembras;
- mayor presencia de plagas o estrés fisiológico en plantas;
- daños por humo e incendios cercanos;
- mayor riesgo de pérdidas en infraestructura productiva.
En sistemas ganaderos, la combinación de sequía, calor y menor calidad de pasturas puede afectar peso, reproducción y disponibilidad de agua. En sistemas agrícolas familiares, los cultivos más sensibles serán los establecidos en suelos con poca cobertura, áreas recién chaqueadas o parcelas sin sombra ni manejo de humedad.
5. Riesgos para la producción forestal y la castaña
Para la actividad forestal, el mayor peligro es la degradación por fuego. Un incendio que entra al bosque puede no destruir todos los árboles inmediatamente, pero puede debilitar el ecosistema, aumentar la mortalidad futura, reducir regeneración y facilitar nuevos incendios. En el caso de la castaña, aún no existe un pronóstico específico para la zafra 2026–2027 en la Amazonia boliviana. Sin embargo, se sabe que sequías fuertes, calor extremo e incendios pueden afectar la floración, la fructificación, la polinización y el acceso a áreas de recolección.
¿Qué pueden hacer los municipios?
Los gobiernos municipales y unidades de gestión de riesgos pueden prepararse con acciones sencillas pero oportunas:
- Actualizar mapas de riesgo de incendios, identificando comunidades, caminos, áreas de chaqueo, zonas ganaderas, bosques fragmentados, áreas protegidas municipales y zonas de castaña.
- Organizar campañas tempranas de prevención, antes de que empiece el periodo más seco. La comunicación debe ser clara: no se trata de prohibir toda actividad productiva, sino de evitar quemas fuera de control.
- Monitorear focos de calor y alertas climáticas cada semana durante la época seca, usando fuentes como SENAMHI, CIIFEN, MAAP, SATRIFO, plataformas satelitales y reportes locales.
- Coordinar con comunidades y productores, definiendo rutas de comunicación rápida, responsables locales y protocolos básicos si aparece un incendio.
- Proteger fuentes de agua, especialmente curichis, arroyos, pozos, humedales y zonas ribereñas.
- Registrar daños y afectaciones, para no depender solo de reportes generales. La información local permite gestionar apoyo, justificar medidas y aprender para los próximos años.
¿Qué pueden hacer los productores agroforestales?
Los productores pueden reducir riesgos con medidas prácticas:
- mantener cobertura vegetal en el suelo;
- evitar quemas en días de viento, calor extremo o baja humedad;
- abrir y mantener cortafuegos en lugares estratégicos;
- proteger viveros y plantaciones jóvenes con sombra y riego de emergencia;
- priorizar especies y parcelas más vulnerables;
- almacenar agua donde sea posible;
- limpiar material seco alrededor de casas, galpones y cultivos;
- coordinar con vecinos antes de cualquier quema;
En sistemas agroforestales, la sombra, la cobertura y la diversidad de especies ayudan a reducir el estrés térmico y conservar humedad. Por eso, frente a un posible año seco-caliente, los sistemas agroforestales bien manejados pueden ser más resilientes que monocultivos o parcelas completamente expuestas. Un sistema agroforestal diverso, con buena cobertura vegetal y un suelo bien manejado es mucho más resiliente que una plantación convencional sin adaptaciones agroecológicas.
Mensaje final
El Niño 2026 todavía debe ser monitoreado con prudencia. La información disponible indica una alta probabilidad de que el fenómeno se desarrolle y continúe hasta inicios de 2027, pero todavía no permite afirmar con seguridad cuál será su intensidad ni qué tan severos serán sus impactos en la Amazonía norte de Bolivia. Aun así, la experiencia de años anteriores muestra que la combinación de El Niño, altas temperaturas, lluvias irregulares, deforestación y uso del fuego puede aumentar el riesgo de sequías, incendios y pérdidas productivas. La mejor respuesta no es el alarmismo, sino la preparación temprana. Para municipios, comunidades y productores agroforestales, los próximos meses son una oportunidad para organizar medidas preventivas, mejorar el monitoreo local y reducir daños antes de que la época seca llegue a su punto más crítico.

Fuentes consultadas
- NOAA / Climate Prediction Center. ENSO Diagnostic Discussion, mayo de 2026.
- CIIFEN. Pronóstico climático estacional para el oeste de Sudamérica, 2026.
- MAAP. Reportes sobre deforestación e incendios en la Amazonía.
- Estudios científicos recientes sobre sequía, fuego y degradación forestal en la Amazonía.